viernes, abril 19

Copa de Maestros 2023: Alcaraz se reengancha ante el desquiciado Rublev | Tenis | Deportes

Es una prueba de madurez que, tras un inicio equilibrado, se decanta a favor de Carlos Alcaraz. Se juega el murciano el pescuezo en el torneo y actúa con inteligencia, porque a falta de musas tira de practicidad. Es un Alcaraz más reconocible y consistente, que además lee a la perfección la situación: olfatea que en un momento u otro, Andrey Rublev va a estallar. Y así sucede: 7-5 y 6-2, en 1h 15m. El ruso, agitado siempre, es un saco de nervios y tensión, pura zozobra, así que el español termina abriendo la caja de los truenos a base de linealidad y buen hacer. Es lo que toca, ya volverá la fantasía; esta vez, se imponía sortear al abismo como fuera y logrado el objetivo, el número dos respira profundo y enfoca la cita del viernes contra Daniil Medvedev. El duelo frente al ruso, definitivo porque cierra la fase de grupos, decidirá si continúa o no este primer viaje entre los maestros.

Contra las cuerdas después de haber perdido en el estreno del lunes contra Alexander Zverev, Alcaraz ofrece entereza y aplomo. No es un escenario sencillo, dado que los vientos de las últimas fechas no soplan a su favor y una derrota en este formato pesa lo suyo. No hay margen de error, pero a la vez brinda la opción de rectificar y el de El Palmar se agarra con fuerza al clavo ardiendo en este miércoles en el que las cabezas priman sobre el tenis. Transcurre el primer set sobre el alambre e interpreta el murciano con astucia. Ve enfrente el rostro enrojecido de Rublev y sabe que en un instante u otro va a estallar. Lo del ruso no tiene demasiada explicación, porque la escena es más que recurrente: es Rublev contra Rublev, un magnífico jugador que de seguir por los mismos derroteros, chocará una y otra vez contra el mismo muro. De momento, no hay remedio. No hay quien le contenga. Uno tiene 20 años y el otro 26, pero se invierten las edades.

“¡Tranquilo, Andrey, tranquilo!”, le gritan desde su banquillo. A su técnico, Fernando Vicente, le sudan las manos porque sabe que más pronto que tarde, el tenista va a irse del partido. “¡Tómate tu tiempo!”, le recomienda su agente, Galo Blanco. Salva el primer instante de conflicto con un ace, pero cada vez que va a servir, por esa mente pasan demasiados sentimientos contrapuestos. Tira la bola arriba, pero amaga. Así varias veces. El fuego va expandiéndose por ese interior indescifrable. Así que la grada del Pala Alpitour emite un runrún y sospecha, como Alcaraz, que tarde o temprano va a suceder. Es la crónica de una dimisión. Concedido el primer break, 6-5, el moscovita estrella la raqueta contra el suelo y a continuación, se castiga con violencia las rodillas a base de golpes. Son seis, y brota la sangre. La escena roza lo tragicómico, lo tarantiniano, si no fuera porque el chico lo pasa verdaderamente mal.

Venía jugando muy bien Rublev, de haber firmado la final de Shanghái y las semifinales de Viena y Bercy a lo largo del último mes. Sin embargo, el salto no llega. Y, de continuar así, el retroceso será irremediable. Acaba el duelo en cuanto se define el primer set, porque el proceso autodestructivo continúa y al otro lado de la red, Alcaraz se desenvuelve metódico y con la actitud ideal. Frente a la tempestad, paso firme y no mirar atrás. “Ha sido un partido totalmente diferente, he ofrecido un nivel totalmente distinto. Ayer entrené muy bien y estoy contento de haber jugado bien de la primera a la última bola”, valora a pie de pista, con una victoria maestra ya en el expediente y ahora, con opciones de progresar hacia las semifinales. “La clave será hacer un partido tácticamente perfecto. Debo ser paciente y a la vez agresivo, un mix”, se refiere al pulso del viernes con Medvedev.

Se reengancha Alcaraz a este Masters y hablan los números. Su tenis ha recuperado temperatura y, aunque admite otro golpe de tuerca, ofrece indicios esperanzadores. Su golpeo con el drive, esencial, ha aumentado 10 kilómetros por hora (127-117) respecto a la primera intervención en el torneo, en la que estuvo a merced de Zverev la mayor parte del tiempo. Esto es otra cosa. Con más pegada y una propuesta más compensada –21 golpes ganadores por solo 11 errores–, apenas ha regalado puntos con el primer servicio (94%) y no ha brindado una sola opción de rotura al ruso, que gruñe constantemente y lamenta a grito pelado, desgarradora esa voz. Con dos derrotas y sin arañar un solo set, está virtualmente eliminado. En sentido opuesto, el español aprieta el puño orgulloso y recarga el depósito anímico porque, como suele decirse, esto es tenis, y en un intervalo mínimo de tiempo pueden cambiar mucho las cosas. Alcaraz sigue en pie.

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