viernes, abril 12

La Real se lleva el derbi y declara la fiesta en Anoeta | Fútbol | Deportes

No pasaba nada, y entonces apareció el hombre de la máscara de carbono para ponerlo todo patas arriba. Andaban la Real y el Athletic remoloneando, con poca osadía y una pizca de miedo, cuando en una falta lateral que sacó Brais, el rebote en Yuri le cayó a los pies a Le Normand en el área pequeña para destapar la caja de los truenos.

3

Remiro, Hamari Traore, Zubeldia, Le Normand (Jon Pacheco , min. 61), Tierney (Aihen Muñoz, min. 25), Take Kubo, Merino (Beñat Turrientes, min. 81), Martín Zubimendi, Barrenetxea (Oyarzabal, min. 61), Sadiq (André Silva, min. 61) y Brais

0

Athletic

Unai Simón, Yeray, Daniel Vivian (Aitor Paredes, min. 75), Yuri, De Marcos, Williams, Ander Herrera (Benat Prados, min. 71), Nico Williams (Berenguer, min. 63), Muniain (Raúl García, min. 71), Dani García y Guruzeta (Villalibre, min. 45)

Goles 1-0 min. 29: Le Normand. 2-0 min. 48: Take Kubo. 3-0 min. 65: Oyarzabal.

Árbitro Jesús Gil Manzano

Tarjetas amarillas Ander Herrera (min. 28), Daniel Vivian (min. 43), Merino (min. 44) y Zubeldia (min. 77)

El derbi andaba inane después del achuchón inicial de la Real, como corresponde a un anfitrión, pero se atemperó con los minutos, cuando calmó los nervios el Athletic, se equilibró el partido, hasta límites rayanos con el aburrimiento. Mucha pelea, sí; bastante sudor en la cálida noche donostiarra después de un día que había llenado las playas, pero escaso fútbol. El bullidor Kubo no se desataba, bien amarrado como estaba por Yuri, y aunque Barrenetxea lanzaba algún destello, no era suficiente para el suministro a Sadiq, un gladiador sin balón cerca de su ámbito de influencia.

Tampoco las bandas del Athletic, con los Williams uno a cada lado, encontraba caminos, ni siquiera cuando se lesionó Tierney después de una carrera. La sala de máquinas ocupada por Herrera y Dani García, bastante trabajo tenía con neutralizar la tarea de Brais, Merino o Zubimendi, así que la aportación era mínima.

Caminaba el partido hacia el encefalograma plano cuando la falta tocada por Brais rebotó en la espalda de Yeray, el costado de Yuri y le cayó a Le Normand, que protege su rostro con una máscara después de un fuerte golpe que sufrió frente al Getafe, y que se encontró con un regalo inesperado que acabó en el gol que abría la lata. Entonces sí, el Athletic dio un paso adelante, y apareció Nico Williams en dos pases, el primero a Guruzeta, que cabeceó alto, y el segundo a su hermano Iñaki, que se encontró toda la portería para él, pero remató fuera.

Después de un mes de aciertos, al jugador del Athletic se le nubló la vista ante la portería, porque nada más comenzar la segunda mitad de nuevo tuvo un balón para empatar el partido, y otra vez se le marchó fuera por unos centímetros. Y esa falta de precisión en el remate se convirtió en la tumba rojiblanca, porque en la siguiente acción, un balón largo jugado por Brais hacia Sadiq no lo pudo controlar el nigeriano, apenas lo rozó, pero le cayó suelto a Kubo, que pasaba por allí, y que se mostró implacable ante Unai Simón para doblar la ventaja realista.

Y ya nada fue lo mismo, porque festejaba Anoeta el resultado y rumiaban los rojiblancos un marcador inesperado, porque en realidad seguía sin pasar nada, salvo que al mirar el luminoso se les desenfocaba la visión con lo que leían. Sentían como si les hubieran birlado la cartera en un descuido, sin comprender que el fútbol es eso, y gana el más avispado, el más oportuno y el más eficaz. Si además aparece la calidad, y eso le desborda a la Real Sociedad por todos los lados, no hacen falta más explicaciones. Las respuestas estaban en el campo.

Sin argumentos desde el segundo gol, al Athletic solo parecía quedarle la esperanza de un milagro, que no se produjo. El derbi tenía color blanquiazul, y lo tuvo más después del gol de Oyarzabal, el tercero de su equipo, en un despeje de Unai Simón que cabeceó en el centro del campo para la carrera de su capitán, que responde con goles –tres lleva en su cuenta–, a las críticas que empezaba a recibir por su rendimiento, y que Imanol siempre rechazó. Se fue feliz del campo, como sus compañeros, después de marcar y que el Athletic firmara el armisticio.

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