sábado, abril 13

Nicolás Petro abre la caja de Pandora de su padre, el presidente: la financiación de su campaña

“No hay cuña que más apriete que la del mismo palo”, dice un viejo adagio sobre el monumental daño que puede crear un buen amigo o un familiar. Pocas veces se cumple de forma tan clara como ahora en Colombia cuando el hijo mayor del presidente, quien hizo política con su padre y participó en la campaña que lo llevó a la victoria, dijo a la Fiscalía que contará sobre los aportes de dineros de grandes empresarios que se hicieron a esa campaña por debajo de la mesa. Se trata de Nicolás Petro Burgos, hijo de Gustavo Petro, que ante un caso sólido de la Fiscalía en su contra decidió colaborar, así eso incluyera dejar en duda la forma en la que fue elegido su padre: admitió que la campaña presidencial en la que él participó, recibió dinero de forma ilegal. El presidente se enfrenta ahora a un caso judicial que toca a su familia y puede marcar los tres años que quedan de su Gobierno.

La financiación electoral ha sido un tema de problemas recurrentes en Colombia. Hace apenas un mes y medio, la Fiscalía imputó a Óscar Iván Zuluaga, fallido candidato presidencial uribista en 2014, por haber recibido dinero de la corrupta multinacional brasileña Odebrecht debajo de la mesa. También a su hijo David, gerente de esa campaña. Hace poco menos de 30 años, el presidente Ernesto Samper vio su cuatrienio convertido en una sombra de lo prometido y deseado, porque la financiación ilegal de los narcos del Cartel de Cali a su campaña lo convirtieron en un mandatario enfocado en defenderse y evitar su caída. Su caso, el llamado proceso 8.000, marcó a una generación entera, terminó con varios políticos en la cárcel, y sumió al país en una crisis política. Pero esta vez es el propio hijo del presidente quien ha señalado al mandatario Gustavo Petro y no un opositor político, como ocurrió con Samper. Esa aparente traición familiar le da un giro inesperado al escándalo del presidente que pronto lo golpeará jurídicamente.

Así quedó claro este mismo jueves, cuando el senador opositor Jotapé Hernández, de la Alianza Verde, denunció a Petro ante la Comisión de acusaciones de la Cámara de Representantes— la unidad legislativa encargada de investigar a los presidentes. “No lo está denunciando alguien de la oposición, lo está denunciando su propio hijo”, añadió para darle más fuerza a su acusación. El mismo presidente dejó claro que sí es central el quién lo acusa. Lo hizo en su intervención en la tarde del jueves, en Sincelejo, en la que se refirió por primera vez a la noticia: “Mi hijo no dijo eso, y no dijo eso por una razón básica: a ninguno de mis hijos les he dicho jamás que delincan”. “Mis hijos e hijas han sido libres. Se equivocarán, como todo ser humano; andarán por caminos diferentes a los míos”, reiteró, como haciendo hincapié a sus diferencias con Nicolás, de quien dijo en marzo, cuando estalló el escándalo, “No lo crié, esa es la verdad”.

Esa es la verdad, pero también lo es que Petro Burgos es su delfín político, el único de seis hijos que ha competido por votos y poder de la mano del presidente. Desde la campaña presidencial de 2018, cuando Petro perdió frente al conservador Iván Duque, su hijo Nicolás participó en manifestaciones, recorrió barrios, consiguió apoyos, sirvió como jefe de campaña en Barranquilla, la ciudad en la que vivía. La cercanía era tal que en las siguientes elecciones, las regionales de octubre de 2019, Nicolás fue el candidato de su padre a la Gobernación del Atlántico—uno de los departamentos más ricos y poblados de Colombia. No era una misión fácil, pues la derechista casa Char monopoliza el poder en la región. Pero era un departamento petrista, en el que el hoy presidente había vencido a Duque en 2018, quien tenía el apoyo de los Char, con el 55% de los votos.

Al final la victoria electoral de Nicolás no llegó en 2019 pero Gustavo Petro, como buen padre, aplaudió la campaña de su primogénito e incluso le dio nuevos encargos: encabezar su movimiento político, la Colombia Humana, en todo el caribe colombiano.

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“Nicolás Petro hizo la campaña que tocaba. Atlántico prefirió quedar bajo la égida de los Char y catapultarlos como los rivales de la Colombia Humana en el inmediato futuro. A Nicolás le queda la enorme tarea de liderar la Colombia Humana en todo el Caribe”, escribió en su popular cuenta de Twitter la misma noche de la votación, como comentario a un trino de la entonces pareja de Nicolás, Daysuris Vásquez. Aunque padre e hijo no habían tenido una relación personal cercana cuando este último era un niño, la relación política quedaba consolidada cuando el pequeño Nicolás se convirtió en adulto.

Nicolás, por tener la segunda votación a la Gobernación, pasó a ser diputado departamental. Desde ese cargo, en 2022, fue el encargado de la campaña presidencial de su padre en el Caribe, región en la que también fue fundamental el barranquillero Armando Benedetti, quien venía de ser senador del tradicional Partido de La U. Ganaron en primera y segunda vuelta, Petro se posesionó como presidente, y el pasado marzo llegó el escándalo. Vásquez estaba dolida porque Nicolás le había sido infiel con su mejor amiga (quien hoy es su pareja y con quien espera un hijo) y contó, primero al presidente en privado y luego a la revista Semana, que Nicolás había recogido dinero de un exnarco, del hijo de un cuestionado contratista y de otras fuentes para la campaña, y que se lo había quedado para vivir una vida de lujos exorbitantes.

Petro marcó distancia desde antes de la revelación en Semana, cuando pidió a la Fiscalía investigar a Nicolás y a su hermano Juan Fernando, envuelto en otro escándalo. Pero la bomba de relojería estaba allí. El estallido ocurrió este jueves, cuando Nicolás sumaba cinco días detenido y dos de conocer las pruebas en su contra. Su confesión empañó el lanzamiento del cese al fuego con el ELN, la terna de mujeres para la Fiscalía y el fin de la interinidad en el Ministerio de Cultura, todas noticias que prometían darle un alivio a Petro días antes de celebrar su primer aniversario en la presidencia. El presidente quedó, de nuevo, a la defensiva. Que haya dedicado su viaje a Sincelejo para argumentar su inocencia, e incluso mencionar su deseo de no renunciar al cargo, lo deja claro.

La calidad y contundencia de las pruebas que aporte Nicolás Petro para demostrar el ingreso de dineros bajo cuerda a la campaña presidencial está aún por verse. Que las instituciones, desde la presidencia hasta la justicia, pasando por el Congreso, logren enfrentar la crisis sin salir malheridas, también. Con el proceso 8.000 el presidente Samper logró culminar su mandato, pero sus políticas económicas y sociales, las más similares a las de Petro en la historia reciente, perdieron fuelle. Cuando el propio Petro ha dicho en el pasado que “una política elegida sea con dineros del narcotráfico, sea con los del erario, es ilegítima y extremadamente débil”, y ahora es él sobre quien recae esa sospecha, su margen de maniobra es poco. El presidente que no había quedado herido políticamente por sus antiguos enemigos, como el expresidente Álvaro Uribe, recibió el golpe más duro a su gobierno desde donde menos se esperaba: de una confesión de su hijo mayor, su delfín político.

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